Los mass media y el poder

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Los mass media y el poder
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LOS MASS MEDIA Y EL PODER
Suena el despertador, usted estira
una mano .y oprime el botón que
acalla esa maldita campanilla. Se
despereza un poco y, de un salto, se
encamina a preparar unos mates.
Mientras espera que el^ agua chille,
enciende la radio. La barrita del dial
se desliza buscando un informativo.
Llega a la escuela, entra a la sala
de docentes. Luego de saludar, sus
ojos comienzan a rastrear el espacio
hasta encontrar el diario del día.
Es de noche, usted llega a su casa
con el cansancio de la jomada a cues­
tas. Ducha, cena y hasta mañana.
Mientras intenta dormir, se acuerda
que no pudo ver el noticiero. Esa
noche dormirá con la sensación de ser
una persona incompleta.
El hecho es que hoy día, el consu­
mo de medios de comunicación pare­
ce algo natural, tanto como respirar.
En realidad, en esta naturalización
del acto, se oculta un proceso que
lleva más de doscientos años: la crea­
ción, evolución y diversificación de la
prensa. Sobre esto es importante de­
tenemos.
En su famoso “M anual de
zonceras...”, Arturo Jauretche inclu­
yó un artículo titulado “Dice La Na­
ción, dice La Prensa” en el que expli­
caba cómo, casi ingenuamente, una
información pagaba a ser verdadera
por el sólo hecho de ser publicada en
un medio “prestigioso”. Hoy día es
común que tal o cual versión sea veraz

porque la anunció Trueco, Ana María
o Mirta Legrand. Pregúntese qué dis­
tancia habrá entre esto y el criterio de
autoridad empleado en la antigua tra­
dición escolástica, según el cual, por
ejemplo, la teoría heliocéntrica no era
digna de crédito porque se contrade­
cía con La Biblia.
Para contradecir el mencionado
criterio podemos prendemos a algo
que escribió José Eliaschev (1): “Los
medios no son neutrales y los perio­
distas como categoría profesional, no
somos inocentes.” ¡Plop! ¿Una nue­
va ahora?.
No tan nueva. Detrás de los mass
media hay una empresa que, como
tal, se mueve tras otros intereses.
Cuando Guillermo Andino presenta
una información no está mostrando
LA REALIDAD, sino UNA CARA
de esa realidad. Si Neustandt dice que
los mellizos Tolosa Reggiardo deben
volver con el secuestrador y torturador
Miara, no está diciendo una “palabra
santa” ni una opinión de sentido
común, sino la visión de “las siguien­
tes empresas a las que les interesa el
país”.
En la circulación y reproducción
de estas versiones (y otras más com­
plejas) se agazapa el discurso domi­
nante. “El campo del saber y de la
comunicación tecnológica es hoy el
campo donde el poder trata de refor­
zar su aparato de hegemonía.” (2)
Esto no es poca cosa, porque en la

circulación de criterios de verdad se
pone en juego el poder. El nuevo
discurso de la posmodemidad que
decretó el fin de la historia y la muerte
de las ideologías, jura que esto ya
pasó.
A riesgo de ser tachados de anti­
cuados o mecanicistas, podemos sos­
pechar que hay algo de verdad en lo
que dice Marcuse sobre que “Nadie
hace lo que en realidad quiere y cada
uno se habitúa a hacer lo que se le
impone y condiciona por medio de las
técnicas publicitarias y represivas”
Por medio de este condicionamiento
se atenta en contra de nuestros intere­
ses de clase.
¿Quién alguna vez no creyó que
los trabajadores hacen huelga porque
“no les gusta laburar” o que “ lo
privado es mejor”, o que “pobres
hubo siempre”?
Piense. Cuando un trabajador
“compra” algunos de estos slogans
¿no habrá alguna influencia de la
prensa del modelo?¿No será grave?.
Esto no quiere decir que no hay
que leer más los diarios, ver la TV o
escuchar la radio. Por el contrario, se
trata de reivindicar la función activa
que, como público, debemos tener en
el consumo de los mensajes de los
medios, juzgando , criticando, selec­
cionando y discriminando esos men­
sajes.

(!) EL DIARIO, 12/06/94
(2) Armand Mattelart