El día después para nosotros y para los otros

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El día después para nosotros y para los otros
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EL DIA DESPUES PARA NOSOTROS
Y PARA LOS OTROS
Apenas finalizada la marcha, cálido
aun el recuerdo de la jomada vivida,
los medios de comunicación comen­
zaron con la estereotipada frase hecha
del “DIA DESPUES”. Y la verdad
que ese “día después” preocupa más
a los medios y al poder político que a
nosotros. Apenas regresamos de Bue­
nos A ires continuam os con las
actividades de siempre: los proble­
mas cotidianos de los maestros, la
falta de cobro; alguna baja indebida
(y por lo tanto un trabajador que no
cobra), etc.; también se programó un
viaje al departamento (Hemandan as);
se terminó de escribir y se diagramó
la revista; se continuó preparando la
próxima reunión de directores y de
delegados; se contestó a las numero­
sas entrevistas de prensa.
Aparentemente nada había cambia­
do. Pero una nueva sensación de
potencia galvaniza nuestro accionar:
parece distinta la sonrisa de los dele­
gados y los compañeros que concurren
al gremio; se comenta con alegría la
jom ada vivida; “el día anterior”
había parido precisamente por el tra­
bajo de todos los días. Y esa serenidad
y esa tranquilidad nace de haber to­
mado conciencia que nada se
construye sin el conjunto de los com­
pañeros;
escuchando
a los
compañeros; con “un oído en el pue­
blo...” procesando sus inquietudes,
sus ansias, intercambio sus y nuestras

E l Poderpolítico debe saldar su deuda social

debilidades; sus y nuestras fuerzas;
recreando todos los días un sindicato
que trabaja desde y con los compañe­
ros afiliados. Ahora tenemos un nuevo
desafío: construir muchos “nuevos
días” con la prudencia necesaria para
no dar un paso en falso; pero con la
firmeza para que ese paso consolide
un nuevo avance hacia una provincia,
un país, con justicia social.
Así son los “día después” para noso­
tros. Pero ¿como lo encara el poder
político? Es realmente preocupante.
Parece que sólo se dedican a repetir la
pesada letanía del poder central: “la
marcha fue un fracaso”. Y la repite la
corte de obsecuentes desde la CGT (o
CGO, si se deciden a cambiar la pala­

bra “trabajadores” que ya no repre­
sentan, por la de obsecuentes, que les
viene como anillo al dedo), hasta los
gobernadores provinciales del régi­
men que más se parecen a
administradores deseosos de evitar
los enojos del jefe.
Desde la seguridad y la tranquilidad
de que realmente estamos constru­
yendo un espacio de encuentro entre
expulsados del “modelo”, exigimos
al poder político la necesaria reflexión
que los lleve a cambiar el rumbo
fijado desde el exterior (y sumisa­
mente aceptado), por el de la dignidad
de un pueblo que se puso de pie para
protagonizar su propia historia.