¿Cada maestrito con su librito?

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¿Cada maestrito con su librito?
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¿CADA MAESTRITO CON SU LIBRITO?
“Cada maestrito con su librito” ¿Qué
resonancia tiene en nosotros esta fra­
se? ¿Qué pensamos cuando la escu­
chamos? ¿Nos sentimos identifica­
dos con ella?.
ISolitos! ¡No miren lo que hace el
compañero! | Cada uno hace su traba­
jo, no le importa lo que pone el que
está al ladol.
¿Cuántas veces estas expresiones sur­
gieron espontáneamente de nosotros?
Sin embargo, no hay inocencia en
ellas, Muy por el contrario, al ser
dichas, al repetirse como Mlo obvio”,
lo sabido, lo que no se cuestiona, es
decir, lo que nos fue “dado” y así lo
“damos”, transmiten una carga de
tradición muy pesada.
Así, por ejemplo, “no hay mal que por
bien no venga” nos está refiriendo
que tenemos que conformamos con
una realidad adversa y creer que si­
tuaciones como éstas no vale la pena
modificarlas ni rebelarse.
“Más vale pájaro en mano que cien
volando” . Este sólo nos alienta al
conformismo.
Podríamos seguir enumerando di­
chos que nos han sido legalizados de
generación en generación. Nos resul­
ta difícil analizar su contenido por­
que suelen ayudamos a resolver nues­
tros problemas sin urgar en el conflic­
to. Volviendo al dicho “cadamaestrito
con su librito”, esta frase nos permite
considerar que el aula es el ámbito en
el cual se puede ejercer
discrecionalmente el poder.
Como vemos, esta inocente frase es­
conde nada menos que el acto de
educar.
Sabemos que nos resulta muy difícil
“separamos”, mirar un poco desde
afuera, y vemos a nosotros mismos,
los docentes; reflexionar sobre el acto
de educar. Las condiciones de nuestro
trabajo están dadas para que no ten­
gamos tiempo: tiempo de intercambiar
con el compañero, de planteamos
como solucionar esto que nos pasa...
Sí que lo hacemos, pero cuando lo
hacemos, precisamente, es cuando
logramos “escapamos” un momento

del agobio que nos producen las exi­
gencias cotidianas de la escuela y las
nuestras, las de nuestros alumnos y
también las de nuestros hijos...
¿Cómo escapar a esta vorágine?
Paulo Freiré, un educador brasileño
que trabajó toda su vida para y con las
clases populares alfabetizando, ha­
ciendo educación popular, nos dice,
todavía hoy “... no es posible hablar
de una dimensión política de la edu­
cación, pues toda ella es política.”
“...los educadores son políticos. Por
otra parte, la educación sistemática
reproduce la ideología del poder in­
dependientemente de que los educa­
dores estén conciernes de ello o no”.
( 1)

¿Qué tiene que ver esto con lo que
hacemos todos los días?. Precisamen­
te, Freiré nos advierte acerca de la
importancia de lo que hacemos, de
sus efectos y del papel que jugamos
en esta sociedad, la de los pueblos de
América Latina. Sería bueno que nos
Presencia -12

paremos un momento y pensemos de
qué manera se manifiesta este poder,
lo político, en nuestras tareas cotidia­
nas.
Cuando trabajamos solitariamente,
pensando más bien “agradar” a las
autoridades de tumo queintercambiar
y proponer cosas en conjunto con
nuestros compañeros, ¿a qué proyec­
to de sociedad estamos apostando?
Cuando les “aconsejamos” a nuestros
alumnos que se presten los materia­
les, que sean solidarios, pero después
proponemos implícitamente que la
única forma de conocer, dé aprender,
es “haciendo solitos las cosas, sin
copiarse”. Si el intercambio, la duda,
la pregunta, la confrontación y el
disenso están prohibidas porque “no
es que seamos autoritarios pero... es
que no queremos que el grupo se
desborde...”, ¿qué ciudadanos, qué
tipo de hombres y mujeres esperamos
que sean estos chicos?.
Este sistema social, político y econó-

mico que nos da la posibilidad de
volar y elegir “libremente” a nuestras
autoridades democráticas también nos
propone que “hay que salvarse”, por­
que la torta para repartir es cada vez
más chica y somos cada vez más los
co meo sales... hay que cuidar el trabajo, obedecer y “bancarse" imposicio­
nes, aunque nos vayan recortando
cada vez más las posibilidades de
pensar, de proponer, de hacer cosas
productivas, entre nosotros, por una
escuela mejor.
En la dura lucha por sobrevivir que se
juega cada día aparecemos como
extraterrestres si expresamos nues­
tras esperanzas, nuestro deseo de una
sociedad mejor, más justa, más libre,
i

donde haya posibilidades de trabajo y
de creación, de proyectos en común,
un lugar más humano para todos.
A esta utopía colectiva queremos dar­
le un lugar en nuestro pensamiento y
en nuestro hacer. Y para esto creemos
que reflexionar cotidianamente sobre
lo que hacemos, buscar espacios de
encuentro con los compañeros, forta­
lecerá este deseo, le dará cuerpo, y
podrá transformarse en acción, es
decir, en lucha.
(1) Torres, Rosa María: “Educación
popular. Un encuentro con Paulo
Freire". Centro Editor de América
Latina. 1988.